La salida de sirios del país se inicia en enero de 2012, pero las dimensiones del éxodo se han incrementado entre enero de 2014 y julio de 2015. En este periodo más de 2,5 millones de personas han abandonado el país como consecuencia de la violencia armada, las amenazas,… Un 39% de las personas que han tenido que huir son niños entre 0 y 11 años.

Los países iniciales de refugio fueron Turquía, Líbano y Jordania. Entre los tres países acogen más de 3,7 millones de sirios. En menor medida, hay refugiados en Egipto e Irak.

Mapa3
Fuente: Syria Regional Refugee Response

Las condiciones de vida de las personas refugiadas (tanto de aquellas que viven en campos de refugiados como de aquellas que no) se deteriora a diario, y las infraestructuras de los países de acogida y los recursos destinados a esta población son insuficientes [datos de la ACNUR indican que un 12% de los refugiados viven en campos oficiales de refugiados. El resto sobrevive en las ciudades o en el campo donde su vulnerabilidad se agrava con la falta de trabajo y al agotarse los ahorros]. Por otro lado, es importante tener en cuenta que el impacto social, político, económico, demográfico,… que supone acoger a la población refugiada está creando tensiones y conflictos en el acceso a unos recursos ya de por sí limitados.

La inestabilidad en el acceso a servicios básicos y el empobrecimiento rápido de los refugiados se evidencia en las diversas denuncias y llamadas de la ACNUR. La precariedad en la vivienda, el deterioro creciente de la asistencia sanitaria o la dependencia de las instituciones internacionales para la alimentación marcan la vida cotidiana de miles de personas en Jordania, Líbano o Turquía. Asimismo, las situaciones de escasez también crean conflicto y tensión en los países de acogida. La ACNUR identificaba conflictos concretos para el acceso al agua y a las instalaciones sanitarias.

El apoyo internacional para la cobertura de las necesidades de asistencia de los refugiados es muy mejorable. Según cálculos de la ACNUR, en septiembre de 2015, los donantes internacionales han cubierto económicamente sólo un 37% del presupuesto necesario para atender la crisis humanitaria.